Si alguna vez has entrado en nuestra tienda de El Perelló o has comprado nuestra miel en algún otro establecimiento, seguro que te has fijado: en las estanterías hay tarros de miel casi transparentes, otros de un dorado intenso y otros tan oscuros que parecen café. Y todas son miel, 100% natural y sin nada añadido. Entonces, ¿de dónde sale esta diferencia tan grande de colores?
En L’Avi Lluís (Apícola Brull Casanova) nos lo preguntan muy a menudo, y la respuesta es tan sencilla como fascinante: el color de la miel lo escriben las flores. Hoy te lo explicamos y hacemos un repaso de nuestras once variedades, de la más clara a la más oscura.
¿Qué decide el color de la miel?
Las abejas no “pintan” la miel. El color viene de todo lo que llevan a la colmena cuando recogen el néctar de cada planta:
- Los pigmentos de la flor. Cada planta tiene sus propios pigmentos naturales (como los carotenoides y los flavonoides), que pasan del néctar a la miel y le dan tonos amarillos, anaranjados o rojizos.
- Los minerales. Cuantos más minerales contiene una miel (potasio, hierro, magnesio…), más oscura es. Por eso las mieles de montaña y de bosque suelen tener colores tan intensos.
- El origen: néctar o mielato. La mayoría de mieles salen del néctar de las flores. En cambio, la miel de bosque sale del mielato, una sustancia azucarada que las abejas recogen tanto de las hojas como de las bellotas de los árboles. Es muy rica en minerales, y por eso es la más oscura de todas.
Hay una regla general que funciona bastante bien: cuanto más oscura es una miel, más intenso es su sabor y más antioxidantes naturales suele contener. Las mieles claras, en cambio, son más suaves, dulces y florales.
De la más clara a la más oscura: nuestras 11 variedades
El color de la miel no se mira solo a ojo: se mide en el laboratorio con la escala Pfund, que va del “blanco agua” (casi transparente) al “ámbar oscuro”. Y no es solo una curiosidad: cada tipo de miel tiene un rango de color que debe cumplir para poder llevar su nombre. Si ponemos todas nuestras mieles en fila, obtenemos un degradado precioso:
Las mieles claras: suaves y florales
- Miel de Limonero: la más clara de todas, casi transparente. Delicada, fresca y con un recuerdo cítrico muy sutil.
- Miel de Azahar: de un amarillo muy pálido, con el aroma inconfundible de la flor del naranjo. Una de las más dulces y perfumadas. Te contamos cómo la cosechamos en este artículo.
- Miel de Romero: clara y suave, es la primera cosecha del año en El Perelló. Cuando se cristaliza queda de un blanco cremoso precioso.
- Miel de Lavanda: de un amarillo dorado claro, con unas notas florales y aromáticas muy elegantes.
Las mieles ambarinas: el equilibrio
- Miel de Milflores: la más variable de todas. Como recoge el néctar de muchas flores distintas, cada cosecha tiene un tono ligeramente diferente, del dorado al ámbar. Es la miel que mejor refleja el paisaje de cada año.
- Miel de Tomillo: de un ámbar intenso con reflejos rojizos, muy aromática y con un sabor persistente. Se produce en media montaña, en zonas de clima continental y árido, y se cosecha a finales de primavera.
- Miel de Eucalipto: ambarina y con tonos terrosos. Tiene un sabor peculiar, ligeramente balsámico, que la hace muy apreciada en los meses de frío.
Las mieles oscuras: carácter e intensidad
- Miel de Alta Montaña: esta sí que la hacemos en el Pirineo, adonde llevamos las abejas con la trashumancia. De un ámbar oscuro, rica en minerales y con un sabor intenso que refleja la flora de alta montaña.
- Miel de Castaño: de un ámbar oscuro con tonos rojizos. Es la más amarga de la familia, con un final largo y sorprendente. No deja a nadie indiferente.
- Miel de Brezo: densa, oscura y con reflejos rojizos a contraluz. Terrosa, intensa y nada empalagosa.
- Miel de Bosque: la más oscura de todas, casi negra. Elaborada a partir del mielato, es rica en minerales y tiene un sabor profundo, poco dulce y algo malteado. Te contamos su curioso origen en el artículo Miel de Brezo y Mielato de Roble.
¿Puede cambiar el color con el tiempo?
Sí, y es totalmente normal. Hay dos cosas que hacen cambiar el color de un mismo tarro de miel:
- La cristalización la aclara. Cuando la miel se solidifica, se vuelve opaca y toma un tono más claro. Es un proceso natural y una buena señal de miel cruda. La de romero, por ejemplo, pasa de transparente a blanca.
- El tiempo y el calor la oscurecen. Con los meses, y sobre todo si se guarda cerca de una fuente de calor, la miel se oscurece lentamente. Por eso te recomendamos guardarla en un lugar fresco, seco y a la sombra.
Más clara o más oscura: ¿cuál es mejor?
¡Ninguna! El color no indica la calidad de la miel, sino su origen. Una miel clara no es “más pura” ni una oscura es “más fuerte” porque sí: cada una es el reflejo fiel de las flores y del paisaje de donde viene. En nuestro laboratorio analizamos cada cosecha, también el color, para garantizar que lo que dice la etiqueta es exactamente lo que hay dentro del tarro.
La mejor manera de saber cuál es la tuya es probarlas. Para el desayuno o para endulzar una infusión, las claras son perfectas. Si te gustan los sabores con carácter, para acompañar quesos o para cocinar, prueba las oscuras.
Ven a nuestra tienda de El Perelló y descubre todo el degradado de colores de L’Avi Lluís. ¡Seguro que encontrarás tu miel preferida!






