Con la llegada de julio y las primeras olas de calor fuertes, las altas temperaturas se instalan definitivamente en nuestras tierras. Las personas buscamos una sombra donde refugiarnos, bajamos las persianas y nos hidratamos continuamente para soportar los días más pesados. Pero… ¿te has preguntado alguna vez cómo se las arreglan las abejas para no sufrir estrés térmico y sobrevivir dentro de un cajón de madera a pleno sol?
En L’Avi Lluís (Apícola Brull Casanova), el verano marca un cambio de ritmo radical para nuestras colonias. El paisaje cambia, la humedad baja y la prioridad absoluta del enjambre pasa a ser la supervivencia y la regulación térmica. Hoy te explicamos la fascinante biología que se esconde detrás del sistema de refrigeración natural más perfecto del mundo animal y cómo afecta todo esto a las mieles que cosechamos.
El gran peligro del verano: ¿Por qué se necesitan 35 °C exactos dentro de la colmena?
El interior de una colmena funciona como una gran incubadora donde nace y crece el futuro de la colonia. Para que las larvas y la cría se desarrollen correctamente y nazcan sanas, el espacio debe mantener una temperatura constante que ronda los 35 °C. Esto es vital, independientemente de si fuera estamos a cero grados en invierno o a 40 °C en pleno mes de julio.
En verano, el reto es mayúsculo. Si la temperatura interior subiera demasiado, no solo peligraría la vida de la cría, sino que hay un riesgo estructural crítico: la cera de abeja. Los panales donde almacenan la miel y el polen están hechos de cera, un material natural que se empieza a ablandar peligrosamente a partir de los 38-40 °C. Si el calor se descontrolara, la estructura se podría fundir y colapsar.
Para evitar esta catástrofe, la naturaleza ha dotado a las abejas de un ingenio y una organización sin fisuras.
La estrategia de refrigeración paso a paso
¿Cómo consiguen enfriar la casa en un día de ola de calor sin ningún aparato electrónico? Lo hacen dividiendo el trabajo en dos grandes equipos de rescate:
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Las abejas ventiladoras: Si te acercas a una colmena en un día de mucho calor, verás un grupo de obreras alineadas en la entrada (la piquera) con la cabeza mirando hacia el interior y el cuerpo muy firme. Estas abejas aletean de forma frenética y constante, actuando como potentes extractores naturales. El objetivo es extraer el aire caliente y viciado de dentro de la colmena, forzando la entrada de aire nuevo y creando corrientes de ventilación muy efectivas por todos los pasillos de los panales.
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Las abejas aguadoras: La ventilación por sí sola a veces no es suficiente. Es aquí donde entran las heroínas del verano. Son obreras veteranas que detienen su trabajo habitual de recolección para dedicarse exclusivamente a buscar agua. Absorben el agua de charcas o bebederos naturales y la llevan a la colmena en su buche. Una vez allí, la distribuyen en microgotas por las paredes de cera. Cuando la corriente de aire de las abejas ventiladoras pasa por encima de estas gotas, el agua se evapora. Este proceso físico roba calor al ambiente, consiguiendo hacer bajar la temperatura interior de forma drástica e inmediata.
Nuestra labor como apicultores durante estos meses críticos se centra en supervisar los asentamientos constantemente. Debemos garantizar que a las colmenas nunca les falten puntos de agua limpia y continua cerca. Además, aprovechamos el oficio de la trashumancia para mover las colmenas durante la noche hacia zonas de montaña y bosques donde el frescor nocturno da una tregua al enjambre.
Y en medio del calor, nacen los sabores con carácter: Las mieles de verano
Mientras una parte del enjambre lucha contra las altas temperaturas, el resto de la colonia sigue trabajando. Las flores primaverales ya son historia, el paisaje del llano se seca y esto nos regala tres variedades de miel cruda muy diferentes y llenas de personalidad:
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Miel de Alta Montaña: En las zonas de mayor altitud, el verano llega más tarde y es mucho menos agresivo. Allí, nuestras abejas recolectan el néctar de flores silvestres de altitud. Es una miel de color ámbar y luminoso, con un perfume floral muy complejo y toques ligeramente afrutados. Gastronómicamente, es espectacular para contrastar con quesos curados.
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Miel de Bosque (Mielato de Roble): También conocida popularmente como mielada, es la auténtica miel oscura del verano. A diferencia de lo que muchos creen, hacer mielato de las hojas es un proceso muy complejo y ocasional. Lo que ocurre realmente en nuestra zona es mucho más curioso: en verano, el fruto del roble y la encina (la bellota) retiene tanta agua en su interior que la presión la hace estallar. De esta grieta segrega una savia muy dulce, el mielato de roble, que las abejas recogen con avidez. Es una miel casi negra, excepcionalmente rica en minerales, mucho menos dulce y con marcadas notas de madera y frutos secos tostados.
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Miel de Brezo: Otra de las grandes joyas de la temporada de calor en la montaña. De este arbusto silvestre extraemos una miel muy densa, oscura pero con preciosos tonos rojizos. Su aroma es intenso y destaca por su inconfundible toque ligeramente amargo al final, una característica que fascina a los paladares más exigentes y amantes de las mieles menos empalagosas.
Mientras tú disfrutas de las vacaciones, el ciclo de la naturaleza y el trabajo en L’Avi Lluís no se detienen nunca. Te animamos a descubrir la riqueza y los contrastes de estas variedades de verano en nuestra tienda online de miel natural y a recordar, la próxima vez que veas una abeja bebiendo agua, el increíble esfuerzo vital que está haciendo para refrescar a su familia.






