Hay una pregunta que nos hacen a menudo en la tienda: ¿cómo puede ser que una miel de romero y una de brezo, hechas por las mismas abejas, no se parezcan en nada? La respuesta no está dentro de la colmena. Está en el mapa.
Las abejas no van muy lejos de casa. Normalmente se mueven en un radio de dos o tres kilómetros, y solo se alargan más si no encuentran nada cerca. Eso significa que la miel que hacen es, literalmente, lo que hay florecido a su alrededor. Si quieres una miel de azahar, no puedes esperar que las abejas se vayan a buscar naranjos: tienes que llevar las abejas a los naranjos.
Esto es la trashumancia. Y en octubre toca el último viaje del año: subir las colmenas a la montaña, al brezo.
Mover las colmenas allí donde hay flor
La trashumancia es cargar las colmenas y llevarlas a la floración que toca en cada momento del año. Azahar en el llano, brezo en la montaña. Es una práctica tan vieja como la apicultura, y es lo que permite que una miel sea monofloral de verdad: que el bote tenga el sabor de una flor concreta y no de una mezcla de todas.
Por qué se carga de noche
Porque es el único momento del día en que están todas. De día buena parte de la colonia está fuera buscando néctar, y si cargas a pleno sol te dejas media casa en la calle. De noche ya han vuelto todas, hace fresco y están tranquilas.
Así que se cierran las colmenas y se carga a oscuras. Frontal en la cabeza, manos frías y caja a caja, con el zumbido de la colmena a dos dedos de la oreja. Después, carretera: curvas estrechas, el motor resonando entre los pinos y una carga que no se puede zarandear, porque detrás viajan miles de abejas. Se va despacio. Nosotros no dormimos; ellas sí. Cuando se hace de día ya están en un bosque nuevo y salen a reconocer el terreno como quien estrena piso: unas cuantas vueltas alrededor de la colmena para memorizar dónde está la puerta, y a por la flor.
Elegir el sitio no es cualquier cosa
Un buen emplazamiento tiene tres cosas:
- Sol por la mañana: las abejas arrancan antes y aprovechan más horas de luz.
- Agua cerca: beben cada día y también la usan para refrigerar la colmena cuando aprieta el sol.
- Mucha flor, y de la que toca: suficiente densidad dentro de ese radio corto en el que se mueven, o la miel no sale monofloral.
A partir de ahí van los detalles de siempre: que el camión pueda llegar, que no quede en una hondonada donde se acumula la humedad, que esté resguardado del viento.
El calendario de la flor
Cada miel tiene su ventana, y es corta. Cuando una floración se acaba, o te mueves o las abejas se quedan sin nada que hacer:
- Primavera en el llano: azahar.
- Primavera en las montañas de secano: romero.
- Verano en el monte bajo: tomillo.
- Verano en las zonas altas: prado de alta montaña.
- Otoño en la montaña: brezo. Es el viaje de octubre, el último del año.
Por eso hay años mejores y años peores, y por eso algunas mieles son de edición limitada: dependen de una floración concreta que puede ir bien o puede no ir a ninguna parte.
Por qué esto se nota en el bote
Allí donde llevamos las colmenas es lo que después encontrarás en el bote. No es una frase bonita, es toda la explicación. El color, el aroma y la intensidad de una miel vienen de la flor que la ha hecho: por eso la de romero queda casi blanca cuando cristaliza y la de bosque es de las más oscuras que hacemos. Si quieres tirar del hilo, lo explicamos en El color de la miel: claras y oscuras.
La parte que no sale en las fotos
Noches sin dormir, carreteras estrechas, pistas forestales y muchos kilos a cuestas: una colmena llena pesa lo que pesa y no hay manera elegante de cargarla. Se hace con frío o con calor, y cuando se descarga la última colmena ya está clareando. Unas horas después la tienda abre igual.
No es trabajo de uno solo: las colmenas se pasan de mano en mano, uno arriba del camión y otro abajo, y quien se queda sin aire lo dice y se cambian los papeles. Pero entre caja y caja siempre hay risas. Es de los trabajos más duros del año y, si nos lo preguntas, no lo cambiaríamos.
Probar el viaje
Todo esto —las noches, los kilómetros y los kilos a cuestas— acaba dentro de un bote. Y la manera más directa de entender de qué hablamos es poner dos al lado: la miel de azahar, que viene del llano y de la primavera, y la miel de brezo, que viene justamente de esta subida a la montaña de ahora. Mismas abejas, misma casa, y no se parecen en nada.
Las tienes todas en la tienda online, con envío gratuito a partir de 60 €, y en la tienda física del Rebost de l’Avi Lluís, en la calle Abellaire 3 del Perelló (de lunes a viernes de 9 a 13 h y de 15 a 19 h; sábados de 9.30 a 13.30 h).






