Cuando alguien nos visita o se lleva un bote de miel a casa, es normal que nos pregunte por las flores, por el clima o por cómo ha ido la cosecha. La miel es la gran protagonista de nuestro trabajo. Pero para los que nos dedicamos a esto, cuando abrimos una colmena de buena mañana y levantamos el primer cuadro, lo que realmente nos sigue fascinando, año tras año, es la estructura que lo sostiene absolutamente todo: el panal.
En L’Avi Lluís (Apícola Brull Casanova), el cuidado de los panales marca nuestro día a día. Son el esqueleto de la colonia, el hogar donde nace la familia y donde guardan lo que les da la vida. Hoy nos gustaría hablarte de esta maravilla, no desde un manual de biología, sino desde lo que vemos y respetamos cada día a pie de colmenar.
El origen de la cera: Un esfuerzo colosal
Si te fijas en cómo hacen los nidos la mayoría de los animales, como los pájaros, verás que recogen material de su entorno: barro, ramitas u hojas. Lo que hacen las abejas es casi mágico, porque no recogen la cera del campo, sino que la crean de la nada. La cera, literalmente, la “sudan”.
Esta tarea tan agotadora recae sobre las obreras más jóvenes, que desarrollan unas pequeñas glándulas en el abdomen. Para conseguir producir estas diminutas escamas blancas de cera, necesitan mucho calor y un esfuerzo monumental. Se dice rápido, pero para poder hacer un solo kilo de cera, nuestras abejas tienen que consumir entre 7 y 8 kilos de miel. Son horas y horas de trabajo de un enjambre entero, que después mastica con paciencia cada trocito de cera para hacerla maleable.
La arquitectura hexagonal: Máxima eficiencia
Una vez tienen el material listo para trabajar, empieza la construcción de miles de pequeñas celdillas. Siempre nos preguntáis por qué eligen la forma de un hexágono. Y la respuesta demuestra lo listas que son.
Si hicieran agujeros redondos, quedarían espacios vacíos y desaprovechados entre uno y otro. Si los hicieran cuadrados, las paredes serían mucho más débiles. El hexágono es la forma geométrica perfecta que les permite aprovechar cada milímetro del espacio, creando un diseño tan fuerte que es capaz de aguantar kilos y kilos de miel, gastando la mínima cantidad de cera posible. Y por si no fuera poco, construuyen las celdillas con una pequeña inclinación hacia arriba; así se aseguran de que el néctar no se derrame mientras lo están secando para convertirlo en miel.
Un espacio multifuncional: Cría, polen y miel
Otro mito que nos gusta desmentir es que el panal solo es un bote para guardar miel. Si miraras un cuadro con nosotros, verías que es un hogar perfectamente organizado:
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La cuna de la familia: La parte central y de abajo se utiliza como incubadora. Es donde la reina pone los huevos y donde vemos nacer a las nuevas abejas.
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La despensa de proteínas: Justo alrededor de la cría guardan el polen bien prensado (“pan de abeja”), que es el alimento básico para hacer crecer a las larvas fuertes y sanas.
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El almacén de energía: En la parte más alta y en los laterales ponen la miel. Cuando la miel ya está en su punto perfecto, fabrican una finísima capa de cera virgen, llamada opérculo, para sellar la celdilla y conservarla intacta durante meses.
Cómo cuidamos cada trozo en el almacén de L’Avi Lluís
Para los apicultores, un panal limpio y bien hecho vale su peso en oro. Cuando cosechamos las alzas llenas y las llevamos al almacén de El Perelló, nuestra prioridad es sacar la miel cuidando la estructura al máximo.
Con un corte muy delicado solo retiramos la tapa (el opérculo) y ponemos los cuadros en la centrifugadora. La fuerza hace salir la miel sin romper el hexágono. Así, podemos devolver estos panales vacíos a las abejas, ahorrándoles el desgaste bestial de tener que hacer la cera de nuevo, y permitiéndoles centrar toda su energía en ir a las flores.
De manera muy puntual, algunos panales perfectos que acaban de construir y sellar no los pasamos por el extractor. Los seleccionamos con cuidado y los cortamos a dados para poderos ofrecer miel en panal. Es la manera más auténtica de compartir con vosotros lo que sentimos en el campo: el placer de masticar la miel y la cera juntas, en el envase más puro que la naturaleza ha podido crear.






