Cuando probamos un tarro de miel artesanal de l’Avi Lluís, solemos fijarnos en su origen floral, como la lavanda o el romero. Sin embargo, hay un factor clave que muchas veces pasa desapercibido: el clima. El viento, la lluvia y la sequía influyen directamente en el sabor, el aroma y la textura de la miel. Aunque las colmenas estén en el mismo lugar y las floraciones se repitan, cada cosecha es única.
La importancia de la lluvia en la miel artesanal
La lluvia tiene un papel fundamental en la producción de néctar. Cuando las precipitaciones son suaves y bien repartidas durante la primavera, las plantas producen un néctar más equilibrado. Esto se traduce en mieles más aromáticas, redondas y persistentes en boca.
Por el contrario, una primavera excesivamente lluviosa puede diluir el néctar o dificultar el trabajo de las abejas. En estos casos, la producción suele ser menor y el sabor de la miel resulta más suave de lo habitual.
La sequía: menos cantidad, más intensidad
Los periodos de sequía son cada vez más frecuentes y tienen un impacto directo en la apicultura artesanal. Con menos agua disponible, las plantas producen menos néctar, pero este suele estar más concentrado. El resultado son mieles con sabores más intensos, notas más marcadas y una dulzura diferente.
Sin embargo, una sequía prolongada supone un gran reto para las colmenas y reduce considerablemente la cosecha. Detrás de una miel de carácter potente suele haber un año especialmente exigente tanto para las abejas como para el apicultor.
El viento, un factor a menudo olvidado
El viento también influye en el sabor de la miel, aunque no siempre se tenga en cuenta. Los días ventosos reducen la actividad de las abejas y aceleran la evaporación del néctar en las flores. Esto puede dar lugar a mieles menos florales y con un perfil más seco.
Cada tarro de miel refleja el año vivido
En l’Avi Lluís entendemos la miel como un producto vivo, íntimamente ligado al territorio y al clima. No buscamos una miel siempre idéntica, sino una miel artesanal que refleje cómo ha sido cada año: la lluvia caída, los periodos de sequía, el viento y el trabajo constante de las abejas.
Por eso, cuando eliges miel de l’Avi Lluís, no solo compras un alimento natural, sino una pequeña parte del paisaje y del clima que la han hecho posible.







